La Conveniente
Regional, seafood, tapas · Santander
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Sobre La Conveniente
La Conveniente is a restaurant in Santander, Cantabria. Rated 4.4 out of 5 by guests. Discover the menu, photos, and reviews.
O que dizem os clientes de La Conveniente
La Conveniente es una taberna típica cántabra muy popular en Santander, conocida por su ambiente acogedor con música de piano en vivo y raciones abundantes a buen precio. Es un lugar emblemático, aunque a menudo hay que esperar para entrar porque no aceptan reservas.
Pratos populares
Ideal para
Tip: Para evitar colas, es mejor ir temprano o tarde. Las raciones son abundantes, así que considera pedir medias raciones para probar más variedad.
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La Conveniente está localizado em Santander, rodeado de locais de interesse cultural e histórico. Aqui estão alguns dos pontos mais notáveis nas proximidades.
Património Histórico
- iglesia de Santa Lucía (A 41m) — bien de Interés Cultural bien de interés cultural
- Edificio Banco de Santander (A 193m) — edificio en Santander bien de interés cultural
- Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (A 216m) — museo situado en la ciudad de Santander, (España) bien de interés cultural
Edifícios Religiosos
- iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (A 226m) — Santander
Outros Locais de Interesse
- Monumento al Cardenal Herrera Oria (A 46m) — monumento situado en Santander
- Banco Mercantil de Santander (A 142m) — building in Spain
- Fuente de Los Meones (A 213m) — fuente situada en Santander
- Monumento al Sagrado Corazón de Jesús (A 241m) — monumento situado en Santander
- Monumento a Concha Espina (A 242m) — fuente ornamental situada en Santander
- Monumento a Victor de la Serna (A 249m) — monumento situado en Santander
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Perguntas frequentes sobre La Conveniente
Avaliações de La Conveniente Santander
Ya hemos ido un par de veces. Cerca de la Plaza de Pombo, ideal para aparcar en el parking e ir andando. Los pimientos de piquillo con ventresca son obligatorios. El sitio es grande y puedes elegir la zona de bar con mesitas bajas y sillas de madera o el comedor con bancos. Aunque sea entre semana siempre hay alguien tocando el piano que ameniza la cena. El variado de fritanga también está rico aunque no te pases pidiendo que las raciones son muy generosas. Sin duda un lugar al que ir a probar.
Recordaba este sitio de hace 20 años como algo típico y característico de Santander. Sigue igual que antaño. La comida son rebozados pero el ligera es emblemático, siempre hay cola No hacen reservas . Pero va rápido.
Gracias a las redes sociales encontré este sitio típico y pintoresco dónde poder cenar. Aunque sea un sitio dónde creo que es mejor ir en grupo para poder probar y compartir la mayor variedad de platos la experiencia fue muy positiva (estaba viajando solo). Pude disfrutar de cantidad (las 1/2 raciones son muy generosas y suficientes) y calidad a partes iguales y eso se agradece muchísimo. Además, el trato y cercanía recibido por el personal del restaurante estuvo a la altura de lo esperado (en mi caso me atendió Mai). ¡Un placer conocer sitios que mantienen su identidad!
Fuimos a cenar yo y mi pareja, cenamos de 10!!!!! Nos atendió una chica rubia de ojos azules, Maite, encantadora y súper amable, repetimos seguro! Y la cena de escándalo, pedimos caracoles de Cantabria, tabla de quesos y cecina.
Una bodega muy acogedora en la que sirven comida tradicional típica de Santander, todo buenísimo y con una actuación de piano que sonaba muy bien.
Taberna típica cántabra,todo rico ya buen precio.Nosotros no esperamos porque fuimos pronto pero suele tener gente a la espera de mesa.No se reserva
Lugar con mucho encanto y donde se come muy bien. Pedimos varias medias raciones, fueron muy abundantes. Las croquetas eran caseras y estaban buenísimas. Había una pianista que tocaba música en directo, dando muy buena ambientación al local.
Lugar super típico y emblemático de Santander. No aceptan reservas y siempre está lleno. Raciones abundantes y es imposible quedarse con hambre. Comida muy tipica de cantabria y de gran calidad.
Tuvimos que esperar un rato porque estaba lleno, pero la comida lo compensa. El camarero nos recomendó la ventresca con pimientos y sabía a gloria. No tienen postre ni café es lo malo.
Un clásico en Santander. La ventresca es alucinante, de las mejores que existen y los pimientos rojos extraordinarios: dulces, melosos, con un sabor..... buenísimo. Está todo excelente. Precio acorde con la ubicación.
Un local con encanto y peculiar. Como todo lo que he leído en otras reseñas, local que no han cambiado desde que se inauguró, una pianista en directo, no reservan. Pero si algo me quedo marcado fue la ESPECTACULAR cecina que comimos, que rica estaba!!!!! Ojalá tener quien la vendiese (y a ese precio) aquí en Gijón
Sitio con encanto y la comida de diez, solo que el piano con la gente se oía poco.pero me encantó.El servicio de diez,nos acostaron y salió mejor que esperábamos.
Lugar muy especial al que siempre vuelvo año tras año. No te puedes perder la ensalada de pimientos que es una de las mejores que he probado. Sí además está el piano de fondo te transporta a otra época gracias a su decoración antigua. Es uno de los pocos sitios en los que siempre encontrarás sitio y una buena cara que te atiende, a pesar de tener a tanta gente. Muy, muy recomendable
Un clásico, mil veces he ido durante cuarenta años. Sigue igual de rica la comida y el ambiente. Un diez.
Sin posibilidad de reserva. Cuanto más pronto se acuda menos tiempo de espera. La comida, la tradicional de toda la vida de esta bodega, fritos variados, cecina, tablas de quesos... Bonito ambiente animado por pianista.
Buen servicio de camareros. Tienes que hacer cola y si vas a cenar a las 9 no esperas mucho tiempo. Nos encanta pedir las anchoas con pimientos y los rollitos, así como el picadillo. El local es muy antiguo y conserva la esencia. Han cambiado de dueño pero no se nota. Ahora tienen una chica pianista que ha actualizado el repertorio. Es uno de esos sitios de toda la vida.
Ambiente espectacular local amplio y las croquetas de locura. Lo mejor en servicio de la camarera. Maitena
Una preciosa bodega donde picar algo en un ambiente agradable ya que tuvimos la suerte de cenar mientras una pianista amenizaba a los comensales. Cenamos unos pimientos de Padrón como no habíamos probado en mucho tiempo y una tabla de quesos típicos de bastante calidad y cantidad. El servicio que nos brindó el camarero que nos atendió fue excelente. Sin duda un sitio muy recomendable y acogedor
Taberna Bodega de toda la vida, con muchísimo encanto, muy buen servicio, trato amable y atento, y comida típica muy bien ejecutada. En pleno centro de Santander. Música ambiente en vivo con piano. Muy recomendable
Un lugar agradable y de toda la vida para cenar. Ofrecen una buena variedad de opciones y todo lo que pedimos estaba realmente rico. Los precios son muy razonables. Lo único a tener en cuenta es que no aceptan reservas.
Fuimos a cenar el día de Santiago. Tuvimos que hacer cola durante media hora (nos dijeron que eso era normal) y mereció la pena. Estuvimos muy a gusto en una mesita para dos y con dos medias raciones (tomate y fritos) y una jarra de sangria salimos muy satisfechos. En total alrededor de 40€
La camarera, una chica argentina es muy agradable y profesional, la primera vez que fuimos nos recomendó pedir solo media ración de fritos y menos mal que la hicimos caso, esta segunda vez pedimos media de cecina, medina de ventresca con pimientos y media de croquetas, todo riquísimo. Esas tres medias raciones que son de tamaño abundante, 2 cervezas y 2 ruedas por menos de 50€.
Un lugar de encanto en Santander. Típico sitio con comida básica pero deliciosa. A veces hay una pianista. El sitio es un comodín para cuando no sabes a donde ir. Muy recomendado
Fuimos a cenar y salimos encantados. La comida está muy buena aunque son raciones muy grandes, además hay una pianista amenizando la cena. Los camareros amables, pero no daban a basto, quizás falta personal. Cada vez que pedíamos bebida había que esperar. El precio muy competitivo para la calidad y cantidad. Nos gustó mucho.
Bodega antigua pero muy bonita, raciones generosas y si no sabes que pedir ellos t aconsejan. Las croquetas están muy buenas, en general, si sois de comer poco mejor pedir medias ra iones y aún así son muy grandes.
Bodega con más de 120 años a sus espaldas. Al entrar te teletransportas a otra época. Comida tradicional donde destaca las tablas de fritos, la de quesos, la ventresca, la cecina y la sangría entre otros. Buen precio y raciones generosas. Todo ello con un toque de piano en directo. La atención es correcta. No reservan si quieres ir tendrás que hacer cola.
Siempre que venimos a Santander nos pasamos por este sitio. Nos encanta el ambiente y los productos. Muy buena calidad, raciones muy abundantes y delicioso todo. Siempre hay mucha gente, no aceptan reservas pero la espera no suele ser larga.
Bodega con solera en el centro de Santander,con música de piano en directo por las noches. Comida tradicional casera muy bien elaborada y sabrosa. Callos,morcilla,croquetas,embutido,anchoas..todo está buenisimo. Raciones muy abundantes a un precio muy ajustado en un ambiente muy acogedor y con un servicio muy eficiente y rápido. Visita obligada en Santander si buscas un sitio típico y auténtico
Lugar acogedor como de Taberna antigua, ambientado con música en directo a piano. La comida me pareció muy buena (queso, la ración de fritura, el tomate y el picadillo de lomo) Recomendable visitar si estás en Santander. El camarero que nos atendió muy majo, si no es por él, pedimos mucha cantidad que hubiera sobrado.
Restaurante típico y castizo de Santander.....tomamos una tabla de quesos y una tabla de fritos y una sangría para seis. Lo hemos visitado en multitud de ocasiones, suele haber cola, y es conveniente ir con tiempo. Como añadidos había una pianista amenizando la cena, y es uno de los sitios que si vienes por Santander hay que ir a visitar. Totalmente recomendable.
Antigua bodega convertida en un restaurante-bodega-taberna El lugar está muy bien conservado y es digno de visitar sólo por el local Normalmente, las veces que he ido siempre hay alguien tocando el piano en directo, se respira un ambiente buenísimo. La carta es concisa, de comida casera, de buena calidad, gran sabor y buen precio. Embutidos, quesos, patés, fritos...todo buenísimo y las raciones son copiosas. Sólo raciones, no hay postres. Gran carta de vinos El servicio es muy eficaz, camareros expertos, rápidos sirviendo (siempre hay mucha gente y normalmente hay cola, pero va muy rapida) Siempre han sido muy amables Volveré pronto
Fuimos a cenar yo y mi pareja, cenamos de 10!!!!! Nos atendió una chica rubia de ojos azules, Maite, encantadora y súper amable, repetimos seguro! Y la cena de escándalo, pedimos caracoles de Cantabria, tabla de quesos y cecina.
Buena tasca con música en vivo. Para grupos de todos los tamaños. Ambiente único en Santander. Comida de calidad sin rebuscarse ni complicarse. El concepto es sencillo y efectivo. Los camareros amables y el ambiente en general te hace estar agusto. Recomendables las ventresca y la tabla de quesos.
Una bodega muy acogedora en la que sirven comida tradicional típica de Santander, todo buenísimo y con una actuación de piano que sonaba muy bien.
De Santander, de lo mejor. No es que tengan los mejores manjares, pero si quieres algo de siempre, sin tonterías, buena comida, mejor ambiente con piano en directo, que no te sabiendo, este es el lugar. Personal súper amable. Disfrutad con amigos y familia es genial.
Lugar con mucho encanto y donde se come muy bien. Pedimos varias medias raciones, fueron muy abundantes. Las croquetas eran caseras y estaban buenísimas. Había una pianista que tocaba música en directo, dando muy buena ambientación al local.
Local muy típico, antigua bodega que mantiene el encanto. Buenas raciones, que se pueden pedir por medias, muy recomendable el queso picón, el queso azul y el membrillo. Buena atención. Además nos han amenizado la cena con una pianista en directo.
Taberna típica cántabra,todo rico ya buen precio.Nosotros no esperamos porque fuimos pronto pero suele tener gente a la espera de mesa.No se reserva
Recordaba este sitio de hace 20 años como algo típico y característico de Santander. Sigue igual que antaño. La comida son rebozados pero el ligera es emblemático, siempre hay cola No hacen reservas . Pero va rápido.
Ya hemos ido un par de veces. Cerca de la Plaza de Pombo, ideal para aparcar en el parking e ir andando. Los pimientos de piquillo con ventresca son obligatorios. El sitio es grande y puedes elegir la zona de bar con mesitas bajas y sillas de madera o el comedor con bancos. Aunque sea entre semana siempre hay alguien tocando el piano que ameniza la cena. El variado de fritanga también está rico aunque no te pases pidiendo que las raciones son muy generosas. Sin duda un lugar al que ir a probar.
Gracias a las redes sociales encontré este sitio típico y pintoresco dónde poder cenar. Aunque sea un sitio dónde creo que es mejor ir en grupo para poder probar y compartir la mayor variedad de platos la experiencia fue muy positiva (estaba viajando solo). Pude disfrutar de cantidad (las 1/2 raciones son muy generosas y suficientes) y calidad a partes iguales y eso se agradece muchísimo. Además, el trato y cercanía recibido por el personal del restaurante estuvo a la altura de lo esperado (en mi caso me atendió Mai). ¡Un placer conocer sitios que mantienen su identidad!
De Santander, de lo mejor. No es que tengan los mejores manjares, pero si quieres algo de siempre, sin tonterías, buena comida, mejor ambiente con piano en directo, que no te sabiendo, este es el lugar. Personal súper amable. Disfrutad con amigos y familia es genial.
Buena tasca con música en vivo. Para grupos de todos los tamaños. Ambiente único en Santander. Comida de calidad sin rebuscarse ni complicarse. El concepto es sencillo y efectivo. Los camareros amables y el ambiente en general te hace estar agusto. Recomendables las ventresca y la tabla de quesos.
Una bodega pintoresca y con esencia de toda la vida , el interior decorado con vigas de madera en el techo, las botellas con polvo y unas tinajas enormes en el salón , los bancos de madera con mesas grandes para comer , pero lo más curioso es la pianista con una enorme melena de color rosa en un altillo encima del salón tocando el piano, en cuanto la comida muy buena calidad y bastante cantidad los ibéricos y los quesos muy ricos , ( consejo pedir medias raciones ) por eso siempre está lleno, tienes que esperar, por ponerle una pega no tiene pan sin gluten. Recomendable ⭐️
No admiten reservas. Te pones en fila y esperas a que se libere una mesa. Pero cuando eres un grupo grande (éramos 9), se puede hacer la espera un poco larga. Las raciones son muy muy abundantes. Para nueve personas pedimos cuatro raciones: tabla de embutidos, tabla de quesos, pimientos con anchoas y variado de fritos y fue más que suficiente.
En agosto esta lleno con fila de espera que avanzaba rápidamente. El tomate, la ventresca y la morcilla con pimientos estupendos. El servicio muy rápido y con actuación musical que nadie escuchaba. Taberna como las de antes con mucho encanto. En Santander imprescindible visitarla.
La cena de despedida de Santander fue el broche de oro. Es simplemente una joyita. Era una antigua bodega donde vendías vino a granel. Aún quedan recuerdos de ello, así que hace que el sitio sea aún más especial. Ah y ni hablar del detalle de la pianista arriba, me encantó! Tuvimos suerte de pillar mesa enseguida pero estaba petado. Nosotros éramos 10 y nos sentamos en una mesa larga. Pedimos la comida y nos dijeron que era mucho, nos aconsejaron pedir solo una de surtido de fritura la tabla de quesos y una ensalada y tanta razón que tenían, las raciones son muy grandes. Estaba todo riquísimo. Calidad precio mas que bien. Volveré seguro.
Sitio recomendable para ir a cenar por Santander. Buen ambiente. Suele haber una persona en directo tocando el piano. Hay que ir o muy pronto o tarde para evitar cola. Comida rica y atención rápida!
Muy típico. Si te gusta salir a comer unas raciones está antigua bodega convertida en restaurante es estupenda. Mantiene el encanto de siempre con su mítica pianista. Las raciones son bastante grandes y baratas. La verdad es que todo está bueno. El ambiente es muy diferente y agradable. El personal muy atento.
Casi llegando al cierre del local, pudimos pedir mesa para tapear alguna cosa. Nos atendieron bien y lo poco que pedimos (2-3 platos) nos gustó. Es un sitio característico y acogedor.
Siguiendo el periplo Santandoreño, paramos en esta bodega a ver “qué pasaba”, y como dijo Howard Carter, “Cosas Maravillosas”. 😁😁. Buena comida, raciones más que generosas, una pianista esforzándose en hacerse oír (y lo logró), y precios muy ajustados. Vamos que, otro sitio para volver cuando nos demos otra vuelta por Santander. 👏👏👏👏
Está bien por el ambiente, la cantidad de las raciones y especialmente lo pintoresco del lugar. Lo que me ha faltado ha sido una sonrisa o el gesto amable del equipo de personas que atienden las mesas. Habría que preguntar o conocer el motivo del descontento...
Siempre ha sido mi sitio favorito de Santander. Una bodega típica, con solera, buena comida y buen ambiente. No sé ya las veces que habré ido, es una parada fundamental cada vez que paso por Santander. La tabla de quesos, las croquetas y la cecina son platos que no te puedes perder. Riquísimos. Aunque tengo que decir que la última vez que he ido me ha parecido que han reducido el tamaño y la cantidad de los platos, lo cual me ha decepcionado un poco. Las croquetas antes eran mucho más grandes y eran especiales por eso. También he echado de menos la última vez el hombre que siempre ha estado tocado el piano de fondo, pero puede que coincidiera que justo ese día no estaba. De todas formas, es un sitio único que merece la pena visitar y disfrutar. Además, el servicio siempre es muy profesional y rápido.
Nos ha gustado mucho. El servicio es muy bueno. Un sitio para estar tranquilo y se puede hablar sin levantar la voz. La comida está bien.
Fuimos a cenar un grupo de 10 por una recomendación. Tuvimos suerte porque llegamos temprano (sobre las 20:45) y pudimos sentarnos sin problemas. El local es una antigua bodega y mantiene su esencia, lo que lo hace bastante agradable y curioso. Pedimos dos tablas de fritos, media de anchoas y dos de picadollo de lomo. Salimos muy contentos en cuanto a la cantidad y la calidad, por no hablar de que el precio estaba bastante bien para lo que se ofrecía. La única objeción es el ambiente. Se trata de un local muy concurrido, por lo que se llena demasiado y se forman largas colas, lo que resulta especialmente incómodo y más si tienes la mala suerte de sentarte en alguna mesa cercana al pasillo de la entrada. Por otro lado, había muchisimo ruido y resultaba difícil mantener una conversación, ya que las mesas son largas y los comensales están algo separados. Además, era agosto y hacia mucho calor Por lo general salimos muy contentos. Recomiendo ir con tiempo para evitar colas 😁
Uno de los establecimientos más populares de la ciudad de Santander. Siempre está lleno pero ayer llegamos y encontramos mesa sin problema. Nos atendieron al momento. Ni recuerdo la última vez que había estado. Pedimos los clásicos, fritos, embutido y tabla de quesos. Para beber una feasca de vino de la casa y casera. Todo muy bueno, no se falla en este lugar. Destaco los fritos, se deben probar todos. No esperaré unas décadas para volver.
Nos habían hablado de este sitio, y fuimos a verlo. Es una antigüa bodega y almacén de licores, reconvertido, muy bueno para picotear, a un precio asequible, con buenos productos, sobre todo quesos. La velada estuvo amenizada por una muy buena pianista, que por no tener su autorización, no pongo imágenes directas ni video. La primera obra que interpretó "me dio en to el bebe", jeje, Simon y Garfunkel, los Sonidos del Silencio, a partir de ahí, me ganó, jeje
Un sito muy bonito que conserva la esencia de la antigüa bodega. Con un servicio muy amable y eficaz que nos ayudó con las cantidades de comida que estábamos pidiendo, lo cual se agradece (era un chico jovencito con gafas). La comida estaba muy rica y la relación calidad-precio es muy buena. Repetiremos sin duda.
En agosto esta lleno con fila de espera que avanzaba rápidamente. El tomate, la ventresca y la morcilla con pimientos estupendos. El servicio muy rápido y con actuación musical que nadie escuchaba. Taberna como las de antes con mucho encanto. En Santander imprescindible visitarla.
La cena de despedida de Santander fue el broche de oro. Es simplemente una joyita. Era una antigua bodega donde vendías vino a granel. Aún quedan recuerdos de ello, así que hace que el sitio sea aún más especial. Ah y ni hablar del detalle de la pianista arriba, me encantó! Tuvimos suerte de pillar mesa enseguida pero estaba petado. Nosotros éramos 10 y nos sentamos en una mesa larga. Pedimos la comida y nos dijeron que era mucho, nos aconsejaron pedir solo una de surtido de fritura la tabla de quesos y una ensalada y tanta razón que tenían, las raciones son muy grandes. Estaba todo riquísimo. Calidad precio mas que bien. Volveré seguro.
Sitio recomendable para ir a cenar por Santander. Buen ambiente. Suele haber una persona en directo tocando el piano. Hay que ir o muy pronto o tarde para evitar cola. Comida rica y atención rápida!
Muy típico. Si te gusta salir a comer unas raciones está antigua bodega convertida en restaurante es estupenda. Mantiene el encanto de siempre con su mítica pianista. Las raciones son bastante grandes y baratas. La verdad es que todo está bueno. El ambiente es muy diferente y agradable. El personal muy atento.
Una bodega pintoresca y con esencia de toda la vida , el interior decorado con vigas de madera en el techo, las botellas con polvo y unas tinajas enormes en el salón , los bancos de madera con mesas grandes para comer , pero lo más curioso es la pianista con una enorme melena de color rosa en un altillo encima del salón tocando el piano, en cuanto la comida muy buena calidad y bastante cantidad los ibéricos y los quesos muy ricos , ( consejo pedir medias raciones ) por eso siempre está lleno, tienes que esperar, por ponerle una pega no tiene pan sin gluten. Recomendable ⭐️
No admiten reservas. Te pones en fila y esperas a que se libere una mesa. Pero cuando eres un grupo grande (éramos 9), se puede hacer la espera un poco larga. Las raciones son muy muy abundantes. Para nueve personas pedimos cuatro raciones: tabla de embutidos, tabla de quesos, pimientos con anchoas y variado de fritos y fue más que suficiente.
Local típico para comer o cenar raciones en Santander. Cuando llegamos a cenar, igual un poco pronto, estaba casi vacío. Cuando nos fuimos, sin habernos dado cuenta, el local estaba lleno y había cola fuera para entrar. Las raciones bien, sin más. Algunas muy ricas, otras muy normales.
Lo mejor, la comida. Abundante y buena materia prima. Los precios no son populares pero acordes a la calidad. Los camareros van muy rápido y no siempre están atentos ya que hay mucha gente. Había una mujer tocando el piano cuando yo fui. La decoración bonita pero las sillas son de madera y son incómodas cuando llevas un rato quizá pensando en que haya mayor rotación de gente. No se reservan mesas
Me la recomendaron y fuí.Un sitio muy pintoresco y bonito pero la carta muy cortita y nada tipico de Santander.. Como sitio diferente,lo recomiendo pero como comida rica y variada,no
Le doy 3 estrellas porque, aunque llevo yendo muchos años con mi familia desde hace mucho tiempo, echo de menos que no se limpie la bodega. Las estanterías tienen un montón de suciedad, y es desagradable. Es una pena porque es un sitio que tiene una magia, por la comida, y por la gracia de una bodega con la historia que tiene la Conveniente, pero una bodega puede parecer igual de antigua y con la misma solera de siempre estando limpia. Así que, por el amor sentimental que tenemos muchas personas a este lugar y a sus rebozados, pediría una limpieza del local (y aprovechar para rejuvenecer algún mobiliario que se ve dañado). Por lo demás, que ojalá no cambie mucho
Un sitio bonito y curioso pero esperaba más de la comida por el precio. Tabla de quesos bastante buena por 25€, anchoas bien, no soy ningún experto y caracoles muy normalitos no los recomiendo. Los refrescos a 3€, la cerveza a 3,5€ y el agua del grifo te cobran 1€ por el servicio en mesa y si es filtrada 1,5€ la llaman puré Walter. Total 79,9€ entre 4 personas comiendo poco y una bebida por persona. No repetiría.
La comida y el ambiente muy bueno. Está bastante bien de precio pero nos han parecido unos cutres… Nos han cobrado por jarras de agua (DEL GRIFO) y por el envase (PAPEL DE ALUMINIO) de tres trozos de queso que nos han sobrado. Una pena porque por estas cutreces te vas con mal sabor de boca
Lugar pintoresco con decoración a la antigua y música de pianista en directo. Comida bien. Servicio fatal, pocas ganas. Pedí una copa de vino y me la sirvieron en la misma copa en la que había bebido otro vino distinto, mal profesional que trabaja en una bodega. Además me cobraron de más en una copa de otra marca y dijeron que era por el servicio en mesa...la camarera argentina...pero por no discutir..."Escuchá, no pensés que soy un gil...soy turista"
La comida estaba muy buena pero me parecio feo que el camarero me dijera que no tenian agua mas grande cuando le pedi una botella grande y vi como a otros clientes si se la pusieron, por el simple hecho de que esa botella es de agua del grifo y no te pueden clavar 3€ por una botella de medio litro.
Local típico para comer o cenar raciones en Santander. Cuando llegamos a cenar, igual un poco pronto, estaba casi vacío. Cuando nos fuimos, sin habernos dado cuenta, el local estaba lleno y había cola fuera para entrar. Las raciones bien, sin más. Algunas muy ricas, otras muy normales.
Es un restaurante correcto, sobretodo si vas en grupo, tienes muchas opciones en carta. Me gustaría darle un 4 porque en muchos aspectos no merece solo un 3. Pero el servicio deja un poco que desear, te atienden rápido y sin atención. La comida está bien, buenas cantidades y por un precio más que razonable, pero la tabla de fritos es mejorable. Recomiendo mucho probar los quesos.
Lugar pintoresco con decoración a la antigua y música de pianista en directo. Comida bien. Servicio fatal, pocas ganas. Pedí una copa de vino y me la sirvieron en la misma copa en la que había bebido otro vino distinto, mal profesional que trabaja en una bodega. Además me cobraron de más en una copa de otra marca y dijeron que era por el servicio en mesa...la camarera argentina...pero por no discutir..."Escuchá, no pensés que soy un gil...soy turista"
Lugar bastante bonito el restaurante. Música en directo con una chica tocando el piano espectacular que incluso le pondría algún altavoz para que se le escuchara más. Los camareros rápidos pero muy pocos para todas las mesas que hay. Hace falta personal. Y comida pues.. demasiado frito todo, sin más la pechuga a la bechamel sin sabor, las croquetas igual.. los rollitos son de jamón y queso algo básico que puedes coincidir en un supermercado. El pan no había ni alioli ni mantequilla o algo para mojar (o no nos lo ofrecieron) (normal, con tanto trabajo y tan poco tiempo). Lo mejor? El queso semi. La cuenta me pareció bastante para lo que pedimos.
Gracias al camarero que me recomendó pedir 2 medias raciones... si no ...muero comiendo.Raciones demasiado grandes, la tabla de quesos muy rica pero gigante una pena tirar comida y la tabla de fritos...bueno... exagerada y ni fu ni fa. Ambiente muy bien y el sitio antiguo bastante molón! No os paséis pidiendo!!
Local de siempre con personal atento, rapido y amable, lo dejor del restaurante. En un momento nos dieron mesa y nos atendieron y sirvieron sin hacernos esperar. Habia una chica tocando el piano que amenizaba la cena aunque al estar en las mesas de la entrada no se oye, es mejor entrar en el comedor. La comida nos decepciono. La carta con poca variedad. Te dan la opcion de medias raciones, lo que es de agradecer porque son enormes. Sin embargo, es todo fritos y precio elevado para lo que es. Comida de batalla. Caro en cuanto calidad -precio.
Creo que faltan algunos platos en la carta como rabas o alguna carne, muchas frito y fritanga. La verdad que habíamos leído las reseñas y pensábamos que iba a estar bien pero no fue así. Si vas con niños no hay mucho para ellos por no decir prácticamente nada. Cerca de este restaurante hay una plaza con multitud de bares. El piano empiezan a tocarlo a las 21h. Las anchoas estaban buenas, la media ración de queso es demasiado y estaba bueno.
Fuimos a cenar seis personas en el puente, no hacen reservas. Según llegas si hay sitio entras al comedor o esperas que se libre una mesa. Mesas con bancos corridos, el suelo está empedrado y tienes que tener cuidado cuando caminas. El camarero te aconseja sobre lo que puedes pedir. Tienes medias raciones de casi todo. Pedimos media de anchoas, de embutido, de queso y una entera de fritos. La de queso para seis estuvo bien, el resto nos pareció poca ración y caro. Había una pianista que tocaba en directo, pero se la escuchaba poco debido al ruido que había en el local. Decepcionados.
Lugar bastante bonito el restaurante. Música en directo con una chica tocando el piano espectacular que incluso le pondría algún altavoz para que se le escuchara más. Los camareros rápidos pero muy pocos para todas las mesas que hay. Hace falta personal. Y comida pues.. demasiado frito todo, sin más la pechuga a la bechamel sin sabor, las croquetas igual.. los rollitos son de jamón y queso algo básico que puedes coincidir en un supermercado. El pan no había ni alioli ni mantequilla o algo para mojar (o no nos lo ofrecieron) (normal, con tanto trabajo y tan poco tiempo). Lo mejor? El queso semi. La cuenta me pareció bastante para lo que pedimos.
Fuimos a cenar seis personas en el puente, no hacen reservas. Según llegas si hay sitio entras al comedor o esperas que se libre una mesa. Mesas con bancos corridos, el suelo está empedrado y tienes que tener cuidado cuando caminas. El camarero te aconseja sobre lo que puedes pedir. Tienes medias raciones de casi todo. Pedimos media de anchoas, de embutido, de queso y una entera de fritos. La de queso para seis estuvo bien, el resto nos pareció poca ración y caro. Había una pianista que tocaba en directo, pero se la escuchaba poco debido al ruido que había en el local. Decepcionados.
He ido muchas veces a este restaurante y la atencion de los camareros con los clientes últimamente deja mucho que desear: más que atender, despachan, todo muy rapido y sin ninguna buena atención. Concretamente el otro dia fue la gota que colmó el vaso: nos atendió un camarero que se enfrentó a nosotros por reclamarle 4 veces la cuenta; nos habló de forma muy mal educada, gritándonos y encarándose con nosotros de forma amenazante. Increible pero cierto. Nunca me habia pasado.
La atención es pesima, ya que llevamos llamando 3 dias al telefono que consta en google y nadie lo coge. Queríamos reservar para ir un dia a cenar pero se nos han quitado las ganas de ir. Entendemos que por las fechas que son, no nos íbamos a presentar sin reserva, ya que tl vez no cenamos.
Una gran decepción, hemos ido toda la vida, aunque llevábamos sin ir un par de años, la cocina ha bajado muchísimo el nivel, las croquetas, los huevos con bechamel, etc. es solo harina. Devolvimos las croquetas porque sabían ácidas y nos dijeron que estaban hechas con queso y carne, queso con carne ??? !!! Una pena. Se recomienda pedir solo lo envasado, conservas, quesos y si acaso la empanadilla y la morcilla. Pero para eso no vas a La Conveniente. Es la nueva turistada!
El local tiene emcanto, pero la comida de batalla total. No entiendo cómo le pueden dar buenas críticas. Fritanga y mala los embutidos sin sabor, lo único los pimientos que vienen con la ventosa que están bastante buenos
Una decepción, hemos venido por el encanto y la comida es una pena. La carta es a base de platos fritos y para niños no hay nada. Un huevo duro frito a modo de croquetas. Las croquetas mal hechas super blandas y no saben a jamón. Los quesos están bien y las anchoas, pero es que el menú es tan reducido que no merece este sitio tan bonito.
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Informações sobre La Conveniente
Como chegar
C. Gómez Oreña, 9, 39003 Santander, Cantabria, Spain
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C. Gómez Oreña, 9, 39003 Santander, Cantabria, Spain
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