Pampín Bar
Restaurant · Santiago de Compostela
Horário de Pampín Bar
Sobre Pampín Bar
Pampín Bar, ubicado en Santiago de Compostela, ofrece una experiencia gastronómica que sorprende y deleita. No se deje engañar por su fachada modesta; al entrar, descubrirá un local acogedor donde la calidad y el cariño en la cocina son evidentes. Los clientes destacan su ambiente especial, ideal ta...
Pampín Bar, ubicado en Santiago de Compostela, ofrece una experiencia gastronómica que sorprende y deleita. No se deje engañar por su fachada modesta; al entrar, descubrirá un local acogedor donde la calidad y el cariño en la cocina son evidentes. Los clientes destacan su ambiente especial, ideal tanto para una comida en solitario como para celebraciones íntimas. Disfrute de una cuidada carta de vinos, excelente café y postres deliciosos, junto con una selección de cervezas y licores. Si busca un lugar donde el producto fresco y las elaboraciones cuidadas son protagonistas, Pampín Bar es una joya por descubrir. Su servicio atento y la posibilidad de disfrutar de su comida al aire libre completan una experiencia inolvidable.
O que dizem os clientes de Pampín Bar
Pampín Bar esconde una cocina de mercado espectacular tras una fachada modesta. Los clientes destacan la calidad de los platos, el trato amable y el ambiente acogedor, ideal para celebraciones. Se recomienda reservar.
Pratos populares
Tip: No te dejes engañar por la fachada, el interior es moderno y agradable. Es un lugar de visita obligada en Santiago, pero conviene reservar con antelación.
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O que ver nas proximidades
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Explore os arredores de Pampín Bar
Pampín Bar está localizado em Santiago de Compostela, rodeado de locais de interesse cultural e histórico. Aqui estão alguns dos pontos mais notáveis nas proximidades.
Património Histórico
- Iglesia de San Pedro de Fóra (A 41m) — iglesia en Santiago de Compostela parte de un sitio Patrimonio de la Humanidad
- Iglesia de Santo Domingo de Bonaval (A 160m) — iglesia en Santiago de Compostela parte de un sitio Patrimonio de la Humanidad
- Convento de Santo Domingo de Bonaval (A 165m) — monumento de Galicia bien de interés cultural
- Edificio de la Escuela de Artes y Oficios de Santiago de Compostela (A 181m) — edificio en Santiago de Compostela parte de un sitio Patrimonio de la Humanidad
- Casa en Costa de San Domingos 2, Santiago de Compostela (A 191m) — edificio en Santiago de Compostela parte de un sitio Patrimonio de la Humanidad
- Casa de la Familia Braudon (A 194m) — edificio en Santiago de Compostela parte de un sitio Patrimonio de la Humanidad
- Iglesia de Santa María del Camino (A 223m) — iglesia en Santiago de Compostela parte de un sitio Patrimonio de la Humanidad
Museus
- Museo do Pobo Galego (A 199m) — museo en Galicia
Parques e Jardins
- Parque de Santo Domingo de Bonaval (A 271m) — park in Spain
Outros Locais de Interesse
- Biblioteca del Hogar de Tercera Edad - Portado Camiño (A 188m) — biblioteca en España
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Perguntas frequentes sobre Pampín Bar
Avaliações de Pampín Bar Santiago de Compostela
La comida fue espectacular. Bogavante con arroz, vieira, bonito en escabeche y calamar. De postre el coulant de tarta de Santiago, buenísimo también. El Trato fue buenísimo desde que nos llamaron porque había habido una anulación. Hicimos la reserva, y el día antes ampliamos +1 personas y no nos pusieron ningún pero. El ambiente del restaurante muy agradable.
Un establecimiento algo escondido pero que es un tesoro. Cocina excelente con productos excepcionales preparados con mucha destreza y a un precio moderado. Carta de vinos amplia. El servicio es atente y presta ayuda en la elección. El arroz con lubricante es bestial.
De lo mejor que hay en Santiago para comer: comida tradicional con un toque diferente que la hace genial. La carta varía según mercado, lo que en mi opinión le da un plus porque sabes que vas a comer de lo mejor. Maravillosas las anchoas, la vieira, la menestra (temporada) y los pescados al horno. La tarta de queso y el coulant, de matrícula. NOTA: Quisiera aprovechar para comentar que en un par de ocasiones vi a varios comensales acudir al restaurante solamente a pedir postres. Me parece que hay que ser un soberano sinvergüenza para pretender ocupar mesas de un restaurante pequeño para ir a comer solo un postre porque has leído que está rico, con el daño económico que eso le genera a un local pequeño. Más cabeza, señores, paguen la comida y luego pidan el postre como todo hijo de vecino.
Uno de los sitios que mas disfruto cuando me siento a la mesa. Comida con toques clasicos que se echan un poco de menos en estos tiempos. Fantasticos escabeches y patés. Cuidada seleccion de vinos!!! Al equipo de Filoxera nos encanta Pampin Bar!!! Larga vida.
La mejor carne que haya comido, carne caldero, un manjar!! El postre, una delicia, coulant de Tata de Santiago, EXQUISITO!! Vivimos en Bruselas y si volvemos a Santiago, sin ninguna duda, será el primer lugar al que iremos.
Está apartado del bullicio de la ciudad,en un lugar tranquilo. Y al mismo tiempo al lado de una de las calles con más encanto de la ciudad, a Rúa de San Pedro. La atención es muy buena, y el producto de calidad. El conejo increíble y el coulant de tarta de Santiago una pasada. Muy recomendable!
Llegamos sin reservar para cenar, pero nos dejaron una mesa hasta cierta hora que la tenían reservada. Con carta no muy amplia pero muy bien seleccionada, realmente todos los platos apetecen. Recomendaciones y platos fuera de carta muy bien explicados por la simpática y eficiente camarera, fueron realmente platos exquisitos, se nota el saber y buen hacer del equipo. Calidad culinaria
Restaurante un poco escondido y que nada más entrar te sorprende. El restaurante se le nombra en algunas guías y por ello acudimos, con reserva. Los dos camareros súper amables y destacar que acude mucho extranjero y los camareros se desenvuelven a la perfección en inglés, cosa que en otras ciudades como Madrid puedes ir a restaurantes de alto nivel y no tener ni idea de hablar en inglés, bravo chicos. Nuestra selección fue: - Paté. Muy rico. - Steak tartar. Espectacular. - Roast Beef. Increíble, de lo mejor de la cena. - Coulant de Tarta de Santiago. Brutal, hay que pedirla sí o sí. Volveremos.
Hace tiempo habia escuchado hablar de esta casa y su ensaladilla. He leido articulos de prensa hablando muy bien, y leo que es lugar de peregrinaje de diferentes chefs de renombre. Todo lo que he oido y leido se queda corto a la hora de opinar de Bar Pampin. Sencillamente ESPECTACULAR La ensaladilla bien merecido tiene el premio, pero el Arroz con Bogavante es una delicia. Es de los mejores arroces que he comido, una EXQUISITEZ. Y el Coulant de Tarta de Santiago ponedlo en el altar de la Catedral y que vayan a rendirle sus pecados todos los peregrinos. Que cosa mas RICA La entrada al Bar, la fachada, el interior...el personal que nos atendió...todo es de 10!! No cambiéis ese rótulo y menos aún ese suelo. Enhorabuena. Amenazo con volver lo más pronto posible.
Lugar sorprendente que te encuentras en un callejón sin salida y tras una fachada bastante vieja. Sitio decorado con mucho gusto y original. El trato del personal inmejorable, muy cercanos y siempre dispuestos a hacer sugerencias y recomendaciones. Carta de vinos muy variada. La comida, espectacular! Nos decantamos por la empanada de berberechos y el arroz de galo para compartir. De postre, la joya de la corona, coulant de tarta de Santiago, brutal!
Es un claro ejemplo de no juzgues un libro por su portada. Aun que por fuera parezca la puerta de una trastienda por dentro esta muy bien decorado y lo mas importante es que se come muy bien. Si vas tienes que pedir su anchoa y el coulant de santiago … volveríamos mil veces mas por ese postre !!!
Fantástico. Local recientemente renovado. Una carta original, diferente. Todo lo que pedimos estaba espectacular y la atención de 10. Difícil destacar un plato, pero, ante la duda, elegiría sus especialidades en escabeche, la empanada o el arroz con galo de Mos. Y ya sin palabras el postre, una creación única del chef: el coulant de tarta de Santiago.
Muchas ganas teniamosnde disfrutar de esta antigua cas de comidas y por supuesto, no defraudó, será una de las propuestas que comentemos cada vez que nos pregunten por comer en Santiago de Compostela Hay que encontrarlo pero, desde el Pan de nuestro amigo Guillermo (Pan da Moa), hasta el postre coulant de y tarta de Santiago, os podéis imaginar el resto y ahí lo dejo, no desveló más, hay que ir y volver a ir.
Sitio muy top, comida de calidad exquisita y camareros atentos. Entra en mis top restaurantes en absoluto en España. Aconsejo solo pensar mejor la distribución del espacio/de las mesas, llegar a compartir una única mesa con varias parejas/grupos puede llegar a ser un poco agobiante si te toca al centro, sobre todo considerado el rango de precio del restaurante.
Si vais a Santiago es una joya semi oculta al lado De la Iglesia de rua De San Pedro Cocina deliciosa estilo casero pero bajo la batuta de un gran cocinero. Los chicos de sala son encantadores Han pasado 2 años y hemos vuelto y sigue siendo (para mi) el lugar para ir en Santiago de Compostela. Los platos impecables. Recomendado sobre todo el escabeche, empanada, paté, anchoas, el Galo y todo lo que hacen tipo estofado. La tabla de quesos un espectáculo y remate dulce con tarta de queso y tatin de manzana Vinos buenos gallegos y alguna joya de fuera Con niños pequeños se adaptan y son muy amables
Flipé, aluciné, me encantó, dije ya que flipé? Platos llenos de sabor, acostumbro a ir a muchos sitios y puedo decir que comí alguno de los mejores platos de mi vida, en unos años se va a hablar mucho de este local y su equipo. Atención informal y cercana sin perder la profesionalidad, local con una decoración muy personal y bonita! Sencillamente épico
Si vas a Santiago debes pasar por Bar Pampín sin duda. Fue nuestra primera parada al llegar y nuestra última parada antes de irnos, repetimos sin pensárnoslo dos veces. Servicio y comida excelente, todo buenísimo, pero hay que destacar el steak tartar y la tarta de queso, de otro mundo.
Gran experiencia. Un discreto rincon que esconde una cocina de altisimo nivel, con producto de calidad dando un paso mas allá de los platos tipicos. La empanada deliciosa y el escabeche de primera. Mención a parte merecen los postres con una deliciosa tarta de queso y el espectacular coulant de chocolate.
Un local en un barrio con un encanto especial. Sorprende el cambio de la puerta exterior al interior. Pedimos todos los platos para compartir (en alguno emplatado individual muy bien, en otros podían recomendar 1,5 raciones) Especial mención a la liebre Royale y el arroz centollo, Coulant de tarta Santiago Buena relación calidad precio, aunque quizás las raciones pequeñas. A mejora, incorporar vinos a precios más razonable. Nuestro Mencía de la Ribera Sacra muy bueno
Descubrimiento TOP!! Vinimos por una recomendación de un amigo que vive en Santiago y no nos defraudo. Esta medio escondido en un callejón al lado de Rua de San Pedro. Eso le da un toque clandestino que esta muy chulo. Por la entrada no te esperas que haya un restaurante así. Sin ser muy grande es un local amplio y acogedor. Me ha gustado mucho su decoración y vajilla. La atención por parte de sus camarer@s es excepcional, nos guiaron y ayudaron en todo momento y fueron super simpáticos. La comida como se puede ver en las fotos, tremenda!! Personalmente me quedaría el Steak Tartar, estaba espectacular. Y los dos postres… brutales!! Tanto el Coulant como la torrija estaban buenísimas. En resumen, uno de los mejores restaurantes en los que he comido en Santiago. Salimos muy contentos tanto con la comida como con el trato. Volveré seguro.
¡Qué descubrimiento! Es sin duda uno de los mejores restaurantes que visitamos en nuestro paso por Galícia, y repetiríamos mil veces. La comida, deliciosa: con platos sorprendentes y producto de máxima calidad. El concepto es muy interesante al ser una carta creativa pero con platos tradicionales y de temporada como base. Además, el trato es inmejorable: chicos jóvenes muy agradables que nos explicaron el origen de los platos y detalles de la cultura y gastronomía gallegas. ¡Obligatorio el coulant de tarta De Santiago!
Un restaurante espectacular, un producto de proximidad tratado con mimo y respetado bien su valor. NO venir aquí es un pecado gastronómico. Un trato de restaurante michelin. Un sitio donde darse un homenaje de a tierra. Unos fenómenos.
Posiblemente el mejor restaurante de Santiago. Platos riquísimos y muy bien elaborados. Fuimos 3 personas y pedimos para compartir unos chocos de la ría salteados, jarrete estofado y arroz de centolla. De postre todo tiene tan buena pinta que no das elegido, así que probamos casi todo, la tarta de queso al horno, cruasán con creme brulee y helado. No puedes marcharte sin probar el coulant de tarta de Santiago. Precio aproximadamente 35€/pax
Un lugar que sí o sí tienes que visitar en Santiago. Estaba en disputa para una estrella Michelín y por el precio que tiene es más que asequible. Los platos son originales y están muy buenos. Para todos los gustos ya que hay opciones para todos. Recomiendo muchísimo probar empanada y sobretodo los postres, ya que la tarta de queso y el coulant son los platos estrella, están tan buenos que no vas a poder parar de llorar. En resumen, una visita no va de más y está todo increíble.
Fuera de los caminos trillados hasta para encontrarlo, este restaurante es un lugar de culto al producto de cercanía y de calidad; al silencio y a la lentitud. Su magnífico camarero solo rompe ese silencio para explicar con cercanía y elegancia cómo llega a la mesa cada plato. Su buen hacer merece un agradecimiento recogido. Y nos invita a volver sobre nuestros pasos cualquier tarde para encontrar un refugio y un refectorio cuasi monacal. Bendita atmósfera.
Excelente. Y eso que al llegar a la entrada parece un bareto abandonado en la zona antigua de Santiago. Cambia todo al entrar. Comida inmejorable. Servicio 10. Es pequeño por lo que se debe reservar. Precio algo alto pero adecuado a lo que se ofrece.
Ya fui varias veces, esta vez fui con unas amigas quedamos encantadas y marchamos llenas. El espacio es precioso, el ambiente es muy agradable y acogedor. El servicio excelente: personal amable, atento,siempre pendiente de cada detalle y aconsejando con cantidades.Y la comida… ¡buenísima! Cada plato estaba lleno de sabor, muy bien presentado y sin perder lo tradicional. Sin duda, un lugar que recomiendo al 100% si quieres sentirte como en casa.
Un restaurante increíble. Típico bar de barrio reconvertido a tasca moderna. Si no lo conoces, seguramente nunca entrarías ya que tanto el letrero como la imagen exterior del local no invitan a ello. En su interior te encuentras un espacio pequeño pero muy cuidado. Una mesa corrida más 4 o 5 mesas adicionales, cocina semi abierta y barra baja. Carta corta basada en producto de temporada a la que siempre añaden un punto en la presentación y preparación. Amplisima bodega con referencias incluso francesas e italianas. Un restaurantazo!
Excelente lugar con muy buena atención. Todo muy rico, elaborado con productos regionales de alta calidad. Recetas muy bien logradas, creativas pero a la vez tradicionales. Opciones de temporada. El pintxo de anchoa es un must. Precios muy justos. Se recomenda reservar si quieren asegurar lugar.
Un sitio escondido que hay que descubrir.... merece mucho la pena. Una vez más reconozco el acierto de mi mujer. Sitio íntimo, familiar y perfectamente atendido. La cocina exquisita, con una carta en la que no hay mucha cantidad pero variada . Alta calidad en sus productos y no es caro. Un descubrimiento en Santiago de Compostela.
Teníamos que ir al Aeropuerto de Lavacolla en Santiago de Compostela a recoger a un familiar, llegamos un poco antes de lo esperado y decidimos buscar donde cenar. Mi mujer, que ya había estado en Pampín Bar buscó reserva a través de internet y nos apuntamos a la lista de espera. Nos avisaron de que podíamos cenar a las 20:30 y allá que nos fuimos. Cuando llegas a la puerta del local, escondido en un callejón, te das cuenta de que hay una intención, el hecho de no cambiarla, no modernizarla, significa algo. Dentro el local es acogedor, sencillo, abierto, con la cocina casi a la vista. No tiene lujos pero no es cutre, con los suelos originales del bar y panelados de aglomerado a la vista que le otorga un ambiente cálido, casi con un aire de japonés de una calle cualquiera de Tokio, elegante sin pretenderlo. Llegamos a la hora convenida y pudimos observar la actividad en la cocina. Después nos enteramos que mucha gente opta por el menú degustación de varias especialidades que ya van preparando con antelación. Como era una cena optamos por entrantes y primeros, sin llegar a los segundos, más potentes. Todo acompañado de Godello y un pan de bolla gallego, con ese ligero toque amargo que lo hace tan rico. Comenzamos con unas anchoas con 2 años de maduración sobre pan brioche. Las anchoas eran pura mantequilla, suaves al tacto y potentes de sabor, deliciosas. El conjunto con el pan ligeramente crujiente era perfecto. Seguimos con la empanada de bacalao, donde la cantidad de pescado era generosa. Estaba muy, muy rica, como única pega es que quizás un poco fría. Cierto es que llegamos temprano y la empanada estaba sobre la barra en una bandeja metálica, seguramente sacada de la cámara poco antes y sin tiempo a atemperarse. Seguimos con su famosa ensaladilla. Sabe a la ensaladilla de casa de tu madre. Equilibrada, sabrosa, podrías estar comiéndola sin parar mientras bebes vino a sorbos. No tiene crujientes, elementos más grandes que otros, nada que distraiga, todo en ella está proporcionado en su justa medida. Continuamos con los mejillones en escabeche, muy buen producto con un escabeche suave y rico, aquí nosotros demandaríamos más vinagre en la salsa, pero eso ya es una percepción y un gusto personal. Terminamos la parte salada con unos choquitos con patatas fritas panadera. Los choquitos eran realmente 'itos', pequeños, con un sabor a mar intenso, muy bien cocinados y que se deshacían en la boca casi sin masticar, productazo con un acompañamiento perfecto con patata muy crujiente. Nos quedamos con ganas de probar la ensalada de perdiz escabechada, el steak tartar o alguno de sus arroces que vimos pasar mientras cenábamos. Llegados al postre elegimos una torrija con crema de chocolate blanco y un flan de huevo de gallina de mos con vainilla natural. La torrija está muy rica, pero el flan es sublime. Su sabor es intenso, llena toda la boca desde la primera cucharada, el huevo tan amarillo, la vainilla natural que le da un toque diferente al habitual y la textura, entre panacota y tocino de cielo... es increíble. El mejor flan que he comido nunca. Para rematar pedí un café cortado, que es de la marca Dromedario y estaba también muy rico. La atención fue estupenda, el servicio muy bueno y rápido y el ambiente del local, según se va llenando, es animoso sin ser molesto. Las cantidades son adecuadas, salimos con sensación de haber cenado suficientemente. Sin duda lo recomiendo como destino gastronómico en Santiago y volveré a probar otros platos que me parecieron super apetecibles.
Lo último que te esperas por dónde está ubicado y por cómo aparenta por fuera es que sea un restaurante con reconocimiento Michelín los últimos 4 años seguidos, pero ahí lo tienes. Fantástico que esté así de escondido, transmite mucha magia. Sabiendo que es un sitio de nivel ya no te esperas comer raciones muy generosas y lo cierto es que puede que quedes con hambre, pero me ha gustado que a pesar de ser un restaurante Michelín tampoco está en el otro extremo de platos que son literalmente un bocado. No soy nada fan de este estilo de restaurantes en los cuales pagas más que en otros para quedar con más hambre, pero al menos este se diferencia de los de su mismo rango en que las raciones no son insultantes y solo por eso merecen las 5 estrellas en vez de 4. Considero que para un día especial este es una muy buena opción. La comida muy buena. Carne tierna, platos con sabor y buenas elecciones de ingredientes y materia prima. - La tabla de quesos muy escasa para 15€, pero la selección de los 3 quesos es realmente buena. Siendo los 3 quesos fuertes pero diferentes entre sí. - Las habas con boletus también muy buen sabor de la salsa y buena cocción de las habas. -El gallo muy tierno. Los postres son de otro mundo. - El coulant de tarta de Santiago sabe a Navidad. Todo el postre en conjunto es realmente bueno de sabor, consistencia y equilibrio de texturas, sabores y dulzor. Super original y muy bien logrado. - La torrija me ha sorprendido muchísimo. Espectacular de sabor. No me gusta ni el brioche ni el chocolate blanco y sin embargo este postre me ha conquistado por completo. Sabor y consistencia inigualables. Por dentro muy acogedor y con buena temperatura. El exterior de los baños y de algunas paredes no es precisamente bonito, pero la decoración y la distribución compensan eso en gran medida y realmente te sientes muy a gusto dentro.
Todo un descubrimiento este restaurante en Santiago. Lo conocí por recomendación y leí un artículo muy interesante en la prensa al respecto. Sorprendente local. El local conserva su esencia de antes con una decoración cuidada. Capacidad para unas 25 personas, ideal para parejas o grupos pequeños. La carta es variada con productos de calidad. Te asesoran al respecto. Tienen menú degustación. Debes probar su postre estrella, couland de tarta de Santiago
Comida riquísima y muy buen servicio. Todo lo que pedimos y nos aconsejaron fue excelente. No os dejéis engañar por la fachada, porque el sitio merece la pena. Un imprescindible de Santiago!
hacía tiempo que lo queríamos probar,nos lo habían recomendado varias personas.No puedo decir nada malo,la experiencia ha sido buena,la comida buena,buen sabor,la atención, buena,sin más,el ambiente genial.Por decir algo un poquito caro. Repetiría?! sí,pero si no veo otra opción mejor.Lo recomiendo?! sí,es un acierto,pero hay más opciones con mejores precios.
Comida increíble, camareros amables en una ubicación inesperada. Nuestros favoritos fueron la ensaladilla y el tarta de santiago ¡inolvidable!
Teníamos expectativas altas pero lo han superado! Atención de 10! Hemos pedido la ensaladilla que es un must! La carne cocinada a 24h y una tabla de quesos gallegos. De postre pedimos 3! El Coulant de tarta De Santiago, el flan casero y el milhojas, difícil decidir cuál mejor.
Lo bien que se come en este sitio, no puede ser de este mundo. No me gusta el marisco y he acabado lleno. El trato es inmejorable. Gracias por todo!!!!!!
¡¡Disfrutón!! Una gema escondida en un callejón de Santiago. Nos hemos encontrado investigando este lugar que no ha defraudado en ningún instante. Un sitio sin tonterías, productazo y elaboraciones de las buenas. Sonrisa en cada plato y agradecimiento de disfrutar cada elaboración! Nosotros queríamos más picoteo, y esta vez fuimos a por todas, vermut, agua Magma, pan masa madre, anchoas, vieiras, navajas y mejillones en escabeche, ensaladilla top, steak tartar y coronando una versión de tarta De Santiago en Coulant. La atención de 10 desde el primer instante en un local muy agradable y que te hace sentir en casa, con un desparpajo digno y único. Nuestra enhorabuena y seguro que parada obligada en nuestras visitas a Galicia. 2 personas, comida, 64€/pax.
Ha sido una experiencia estupenda. El local muy acogedor, no os dejéis engañar por la fachada. Un servicio estupendo nos ha recibido y dado las explicaciones sobre la carta. Durante la comida nos han atendido muy amables y discretos. Hemos comido vieira, steak tartar, bogavante con arroz, coulant de tarta santiago y flan. Todo puntuado de 8,5 para arriba, nos ha costado hacer el ranking de lo bueno que estaba todo. Cocina de producto muy bien tratado y sabrosísimo. Nos hemos quedado con ganas de probar más cosas de la carta. Volveremos seguro cuando vayamos de nuevo a Santiago, y desde luego lo recomendaremos. Como bonus comentar que me han puesto pan sin gluten, y estaba rico! Cuando es muy difícil que te den en un restaurante pan sin gluten, y que si te lo dan no sepa a alfalfa.
Hay tanto restaurante hoy en día sobre valorado, que encontrarte con un local que ofrece producto cocinado con cariño y un ticket en el que se refleja la verdad, que solo pretende cobrar su trabajo, debe ser visita obligada, y Pampin lo es en Santiago. Tras recorrer el casco histórico y probar varios sitios típicos y turísticos apostamos por Pampin y acertamos de pleno. Buen servicio, genial cocina y respeto al producto. Déjate recomendar y no vas a fallar. Atencion 10 y comida 10 a un precio justo. Te vas con la satisfacción de pagar lo justo por un gran producto. 100% recomendable. Solo a unos pasos del centro.
Segunda vez que voy a este restaurante al ir a Santiago y la Segunda tan buena (o más!) como la primera! Ensaladilla buenisima y arroz con bogavante impresionante! Lleve a mi familia y todos se mostraron de acuerdo en que repetirán cuando volvamos!!
Fui con mi pareja por recomendación y la verdad es que ha sido una gran sorpresa. La comida estaba espectacular y el chico que nos atendió fue muy amable y nos explicaba todo. Ha sido una experiencia recomendada 💯
Cuando llegas al rincón, encuentras la entrada de un bar de toda la vida. Al abrir, encuentras un sitio moderno, bonito y muy agradable. La comida es increíble, los escabeches son una delicia y el pescado (rape negro en nuestro caso) un placer. Nuestro lugar de referencia en Santiago a partir de ahora.
Lugar con demasiado encanto. No te dejes impresionar por la fachada. La comida espectacular no sólo la elaboración sino la calidad del producto. Pero lo mejor fue el trato, la amabilidad y el cariño que nos dieron a nosotros y sobretodo a nuestra bebé. Sin duda volveremos.
Comimos aquí en Julio por primera vez y fue una gran experiencia por el sitio y la calidad de los platos. Es importante que la imagen externa no te engañe. Por dentro es un sitio genial para disfrutar una buena cocina de mercado. Conviene reservar. Todos los platos estaban muy buenos, como el Xargo a la parrilla, pero siempre hay que dejar un hueco para sus postres como el coulant de tarta de Santiago. Una gran atención por su personal y es agradable compartir tu mesa con otras personas
Un “bar” espectacular. Lo elegí para celebrar mi cumpleaños con mi pareja y fue la elección perfecta. A pesar de ser un establecimiento chiquitito, el espacio entre mesas es el adecuado para la situación actual. El personal es atento, rápido y servicial. Todos los platos estaban espectaculares, pero si tengo que escoger me quedaría con el Steak tartar y el Coulant de Tarta de Santiago. Con vino, pan y agua la cuenta no superó los 60€.
Teníamos que ir al Aeropuerto de Lavacolla en Santiago de Compostela a recoger a un familiar, llegamos un poco antes de lo esperado y decidimos buscar donde cenar. Mi mujer, que ya había estado en Pampín Bar buscó reserva a través de internet y nos apuntamos a la lista de espera. Nos avisaron de que podíamos cenar a las 20:30 y allá que nos fuimos. Cuando llegas a la puerta del local, escondido en un callejón, te das cuenta de que hay una intención, el hecho de no cambiarla, no modernizarla, significa algo. Dentro el local es acogedor, sencillo, abierto, con la cocina casi a la vista. No tiene lujos pero no es cutre, con los suelos originales del bar y panelados de aglomerado a la vista que le otorga un ambiente cálido, casi con un aire de japonés de una calle cualquiera de Tokio, elegante sin pretenderlo. Llegamos a la hora convenida y pudimos observar la actividad en la cocina. Después nos enteramos que mucha gente opta por el menú degustación de varias especialidades que ya van preparando con antelación. Como era una cena optamos por entrantes y primeros, sin llegar a los segundos, más potentes. Todo acompañado de Godello y un pan de bolla gallego, con ese ligero toque amargo que lo hace tan rico. Comenzamos con unas anchoas con 2 años de maduración sobre pan brioche. Las anchoas eran pura mantequilla, suaves al tacto y potentes de sabor, deliciosas. El conjunto con el pan ligeramente crujiente era perfecto. Seguimos con la empanada de bacalao, donde la cantidad de pescado era generosa. Estaba muy, muy rica, como única pega es que quizás un poco fría. Cierto es que llegamos temprano y la empanada estaba sobre la barra en una bandeja metálica, seguramente sacada de la cámara poco antes y sin tiempo a atemperarse. Seguimos con su famosa ensaladilla. Sabe a la ensaladilla de casa de tu madre. Equilibrada, sabrosa, podrías estar comiéndola sin parar mientras bebes vino a sorbos. No tiene crujientes, elementos más grandes que otros, nada que distraiga, todo en ella está proporcionado en su justa medida. Continuamos con los mejillones en escabeche, muy buen producto con un escabeche suave y rico, aquí nosotros demandaríamos más vinagre en la salsa, pero eso ya es una percepción y un gusto personal. Terminamos la parte salada con unos choquitos con patatas fritas panadera. Los choquitos eran realmente 'itos', pequeños, con un sabor a mar intenso, muy bien cocinados y que se deshacían en la boca casi sin masticar, productazo con un acompañamiento perfecto con patata muy crujiente. Nos quedamos con ganas de probar la ensalada de perdiz escabechada, el steak tartar o alguno de sus arroces que vimos pasar mientras cenábamos. Llegados al postre elegimos una torrija con crema de chocolate blanco y un flan de huevo de gallina de mos con vainilla natural. La torrija está muy rica, pero el flan es sublime. Su sabor es intenso, llena toda la boca desde la primera cucharada, el huevo tan amarillo, la vainilla natural que le da un toque diferente al habitual y la textura, entre panacota y tocino de cielo... es increíble. El mejor flan que he comido nunca. Para rematar pedí un café cortado, que es de la marca Dromedario y estaba también muy rico. La atención fue estupenda, el servicio muy bueno y rápido y el ambiente del local, según se va llenando, es animoso sin ser molesto. Las cantidades son adecuadas, salimos con sensación de haber cenado suficientemente. Sin duda lo recomiendo como destino gastronómico en Santiago y volveré a probar otros platos que me parecieron super apetecibles.
Lo último que te esperas por dónde está ubicado y por cómo aparenta por fuera es que sea un restaurante con reconocimiento Michelín los últimos 4 años seguidos, pero ahí lo tienes. Fantástico que esté así de escondido, transmite mucha magia. Sabiendo que es un sitio de nivel ya no te esperas comer raciones muy generosas y lo cierto es que puede que quedes con hambre, pero me ha gustado que a pesar de ser un restaurante Michelín tampoco está en el otro extremo de platos que son literalmente un bocado. No soy nada fan de este estilo de restaurantes en los cuales pagas más que en otros para quedar con más hambre, pero al menos este se diferencia de los de su mismo rango en que las raciones no son insultantes y solo por eso merecen las 5 estrellas en vez de 4. Considero que para un día especial este es una muy buena opción. La comida muy buena. Carne tierna, platos con sabor y buenas elecciones de ingredientes y materia prima. - La tabla de quesos muy escasa para 15€, pero la selección de los 3 quesos es realmente buena. Siendo los 3 quesos fuertes pero diferentes entre sí. - Las habas con boletus también muy buen sabor de la salsa y buena cocción de las habas. -El gallo muy tierno. Los postres son de otro mundo. - El coulant de tarta de Santiago sabe a Navidad. Todo el postre en conjunto es realmente bueno de sabor, consistencia y equilibrio de texturas, sabores y dulzor. Super original y muy bien logrado. - La torrija me ha sorprendido muchísimo. Espectacular de sabor. No me gusta ni el brioche ni el chocolate blanco y sin embargo este postre me ha conquistado por completo. Sabor y consistencia inigualables. Por dentro muy acogedor y con buena temperatura. El exterior de los baños y de algunas paredes no es precisamente bonito, pero la decoración y la distribución compensan eso en gran medida y realmente te sientes muy a gusto dentro.
En diciembre de 2025 visité con mi familia este excelente restaurante y, pese a que el nivel de la hostelería en Santiago es muy alto, nos conquistó. El ambiente te trasporta a una taberna de las de toda la vida nada más entrar pero sus platos y servicio no te dejarán indiferente, ya que beben de la tradición pero no dejan de innovar. La carta no es muy extensa pero todo está elaborado con mimo y con productos de primera calidad. Finalmente, destacar el trabajo del personal de sala siempre atento a nuestras necesidades y asesorándonos para que nuestra experiencia fuese inmejorable. Sin duda, repetiremos.
Comida increíble, camareros amables en una ubicación inesperada. Nuestros favoritos fueron la ensaladilla y el tarta de santiago ¡inolvidable!
Comida riquísima y muy buen servicio. Todo lo que pedimos y nos aconsejaron fue excelente. No os dejéis engañar por la fachada, porque el sitio merece la pena. Un imprescindible de Santiago!
Lo bien que se come en este sitio, no puede ser de este mundo. No me gusta el marisco y he acabado lleno. El trato es inmejorable. Gracias por todo!!!!!!
hacía tiempo que lo queríamos probar,nos lo habían recomendado varias personas.No puedo decir nada malo,la experiencia ha sido buena,la comida buena,buen sabor,la atención, buena,sin más,el ambiente genial.Por decir algo un poquito caro. Repetiría?! sí,pero si no veo otra opción mejor.Lo recomiendo?! sí,es un acierto,pero hay más opciones con mejores precios.
Teníamos expectativas altas pero lo han superado! Atención de 10! Hemos pedido la ensaladilla que es un must! La carne cocinada a 24h y una tabla de quesos gallegos. De postre pedimos 3! El Coulant de tarta De Santiago, el flan casero y el milhojas, difícil decidir cuál mejor.
Ha sido una experiencia estupenda. El local muy acogedor, no os dejéis engañar por la fachada. Un servicio estupendo nos ha recibido y dado las explicaciones sobre la carta. Durante la comida nos han atendido muy amables y discretos. Hemos comido vieira, steak tartar, bogavante con arroz, coulant de tarta santiago y flan. Todo puntuado de 8,5 para arriba, nos ha costado hacer el ranking de lo bueno que estaba todo. Cocina de producto muy bien tratado y sabrosísimo. Nos hemos quedado con ganas de probar más cosas de la carta. Volveremos seguro cuando vayamos de nuevo a Santiago, y desde luego lo recomendaremos. Como bonus comentar que me han puesto pan sin gluten, y estaba rico! Cuando es muy difícil que te den en un restaurante pan sin gluten, y que si te lo dan no sepa a alfalfa.
¡¡Disfrutón!! Una gema escondida en un callejón de Santiago. Nos hemos encontrado investigando este lugar que no ha defraudado en ningún instante. Un sitio sin tonterías, productazo y elaboraciones de las buenas. Sonrisa en cada plato y agradecimiento de disfrutar cada elaboración! Nosotros queríamos más picoteo, y esta vez fuimos a por todas, vermut, agua Magma, pan masa madre, anchoas, vieiras, navajas y mejillones en escabeche, ensaladilla top, steak tartar y coronando una versión de tarta De Santiago en Coulant. La atención de 10 desde el primer instante en un local muy agradable y que te hace sentir en casa, con un desparpajo digno y único. Nuestra enhorabuena y seguro que parada obligada en nuestras visitas a Galicia. 2 personas, comida, 64€/pax.
Comimos aquí en Julio por primera vez y fue una gran experiencia por el sitio y la calidad de los platos. Es importante que la imagen externa no te engañe. Por dentro es un sitio genial para disfrutar una buena cocina de mercado. Conviene reservar. Todos los platos estaban muy buenos, como el Xargo a la parrilla, pero siempre hay que dejar un hueco para sus postres como el coulant de tarta de Santiago. Una gran atención por su personal y es agradable compartir tu mesa con otras personas
Segunda vez que voy a este restaurante al ir a Santiago y la Segunda tan buena (o más!) como la primera! Ensaladilla buenisima y arroz con bogavante impresionante! Lleve a mi familia y todos se mostraron de acuerdo en que repetirán cuando volvamos!!
Hay tanto restaurante hoy en día sobre valorado, que encontrarte con un local que ofrece producto cocinado con cariño y un ticket en el que se refleja la verdad, que solo pretende cobrar su trabajo, debe ser visita obligada, y Pampin lo es en Santiago. Tras recorrer el casco histórico y probar varios sitios típicos y turísticos apostamos por Pampin y acertamos de pleno. Buen servicio, genial cocina y respeto al producto. Déjate recomendar y no vas a fallar. Atencion 10 y comida 10 a un precio justo. Te vas con la satisfacción de pagar lo justo por un gran producto. 100% recomendable. Solo a unos pasos del centro.
Fui con mi pareja por recomendación y la verdad es que ha sido una gran sorpresa. La comida estaba espectacular y el chico que nos atendió fue muy amable y nos explicaba todo. Ha sido una experiencia recomendada 💯
Cuando llegas al rincón, encuentras la entrada de un bar de toda la vida. Al abrir, encuentras un sitio moderno, bonito y muy agradable. La comida es increíble, los escabeches son una delicia y el pescado (rape negro en nuestro caso) un placer. Nuestro lugar de referencia en Santiago a partir de ahora.
Un “bar” espectacular. Lo elegí para celebrar mi cumpleaños con mi pareja y fue la elección perfecta. A pesar de ser un establecimiento chiquitito, el espacio entre mesas es el adecuado para la situación actual. El personal es atento, rápido y servicial. Todos los platos estaban espectaculares, pero si tengo que escoger me quedaría con el Steak tartar y el Coulant de Tarta de Santiago. Con vino, pan y agua la cuenta no superó los 60€.
Que no te asuste la entrada al local. Es de lo mejor que hay en Santiago. Realmente merece mucho la pena parar aquí. Platos clásicos con excelencia. Su ensaladilla ha sido galardonada como la mejor de España pero recomiendo probar muchas otras cosas, Micuit de oca, Steak tartar, ensalada con gallo... todo excelente.
Venir a Pampín Bar ha sido toda una sorpresa. Es un local pequeñito y super acogedor, en el cual mientras estás cenando puedes ver la cocina y como funciona el servicio, algo que a mi especialmente me parece un puntazo. La comida fue espectacular, todos los platos que pedimos estaban increíbles. Y en cuanto al servicio, queremos agradecer de corazón la atención recibida, el servicio fue impecable, lástima no recordar el nombre del chico que nos atendió, porque fue super amable y se ajustó a todo lo que pedimos, incluso nos recomendó un vino buenísimo. Es un sitio al que 100% queremos volver, merece muchísimo la pena. Os deseamos todo lo mejor, muchísimas gracias por la experiencia!
Local pintoresco, muy bien atendido, carta con múltiples propuestas, y algunos platos fuera de ella, y raciones medianas. Nos gustó mucho el steak tartar y el codillo. También muy recomendable empezar con una tabla de quesos. Imprescindible dejar hueco para el postre: sorprendente el coulant de tarta de Santiago y la tarta de queso.
Comida de calidad con muchos sabores y sin grandes raciones. Para la cena recomendamos pedir 3 entrantes y un plato principal: entrantes recomendables anchoa con brioche, empanada de calamar y zamburiñas negras con ligera salsa de citricos. Como plato principal cochas al pil-pil. Y guardaros un hueco para el postre, espectacular coulant.
Reservamos previamente con menú, en el que se indicaba los entrantes y dos segundos a escoger: Arroz de centollo (aunque indicaba que en ese momento tendrían de Gallo Celta) y un chuletón. Cuando llegamos allí y nos sirvieron los primeros, preguntamos por los segundos y nos dijeron que sólo había arroz y que era con costilla, que la página web no estaba actualizada, entiendo que desde navidad que es lo que nos dijo el camarero (estamos a Febrero y después de haber ido al restaurante, la página web sigue teniendo el mismo menú). Los entrantes muy bien a destacar el brioche de anchoa y las croquetas, una por persona. También sirvieron un paté de campaña con pistacho y codorniz escabechada. El postre, un coulant de tarta de santiago, muy bueno y original.
Un descubrimiento, detrás de una fachada vieja, en un callejón destartalado te encuentras un local agradable y lo que es mejor, una gente muy maja y una comida para disfrutar. Creo que destaco sobre todo una cocina de producto, pescados a peso, escabeches, ensaladilla, paté buenísimo, y grandes vinos. Los postres a la altura, tarta de queso y coulant de tarta de Santiago. Muy recomendable
Es un restaurante que nos recomendaron y si no llega a ser por eso creo que no hubiéramos dado con este sitio porque está un poco escondido. Por fuera tiene aspecto de local antiguo pero por dentro es muy coqueto, tipo vintage diría yo. El menú lo van cambiando y lo presentan en una pizarra. Yo diría que se basa en comida tradicional pero con técnicas de elaboración actuales. La verdad que lo que comimos estaba bueno y mi acompañante dice que es el mejor coulant que ha comido en su vida. El servicio fue amable y rápido pero era Lunes y había pocos comensales por lo que el fin de semana puede que no sea así puesto que nos dijeron que suele estar bastante concurrido.
Carta escueta pero de buena elección, lo mejor el codillo con puré de patata, estaba exquisito. Solo trabaja con reserva previa, precio algo elevado pero tampoco desorbitado. La calidad se corresponde. En lo personal pedimos el tartar (bastante bien), ensalada, croca (buen punto de carne y buen sabor, algo caro) y lo mejor el codillo, suave, perfectamente hecho. Los postres variados: tarta de queso al horno, coulant de tarta de santiago. Como siempre en mis reseñas un 3 está bien, para mi es el intermedio, no me rijo por extremos, que no sea un 5 no siginifca que ya sea malo.
La comida nos ha gustado, es original pero no es abundante, diría que escasa. Pedimos su famosa ensaladilla, premiada como la mejor de España. Nos ha gustado pero no nos ha maravillado. Después pedimos unas habas con boletus, muy ricas, pero en dos bocados te las terminas. También probamos el steak tartar, lo que más nos ha gustado. Muy bien aliñado. De postre probamos el coulant de tarta de Santiago, muy muy bueno. Pagamos unos 30 euros por cabeza.
Local moderno pero cómodo de cocina casi vista. Platos aparentemente sencillos pero muy bien elaborados y presentados. Bodega correcta con buenas referencias de perfil atlántico. Servicio excepcional y pan muy reseñable. Condiciona mi reseña que teníamos al lado una mesa de 9 insufrible. Muy ruidosos y en este local no tiene arreglo, abstenerse si ese tipo de compañías le molestan. La otra parte de la reseña la condiciona el lenguado. Estoy seguro que no fue su mejor día. El pescado estaba hecho (cocinado) pero sin embargo no despegaba bien de la espina. No tomamos postre.
La comida y vino muy bien pero el servicio muy muy muy mejorable. Ni mucho menos es la atención que esperas cuando desembolsas 150€. Elegimos el menú degustación que se compone de 7 pases( 6+postre) y no le habia dado ni un sorbo al vino cuando ya nos habían plantado 4 platos a la vez en la mesa( ensaladilla, anchoa, foie y escabeche). Nos metieron prisa por comernos los platos para que el arroz no se pasara( cuando eso no es nuestro problema). Tuvimos que preguntar a los camareros que eran algunas cosas porque no nos explicaron nada de los platos.En general la comida muy bien, muy buena recomendación con el vino que me gustó mucho pero el servicio no es el apropiado para lo que pagas.
Local moderno pero cómodo de cocina casi vista. Platos aparentemente sencillos pero muy bien elaborados y presentados. Bodega correcta con buenas referencias de perfil atlántico. Servicio excepcional y pan muy reseñable. Condiciona mi reseña que teníamos al lado una mesa de 9 insufrible. Muy ruidosos y en este local no tiene arreglo, abstenerse si ese tipo de compañías le molestan. La otra parte de la reseña la condiciona el lenguado. Estoy seguro que no fue su mejor día. El pescado estaba hecho (cocinado) pero sin embargo no despegaba bien de la espina. No tomamos postre.
La comida y vino muy bien pero el servicio muy muy muy mejorable. Ni mucho menos es la atención que esperas cuando desembolsas 150€. Elegimos el menú degustación que se compone de 7 pases( 6+postre) y no le habia dado ni un sorbo al vino cuando ya nos habían plantado 4 platos a la vez en la mesa( ensaladilla, anchoa, foie y escabeche). Nos metieron prisa por comernos los platos para que el arroz no se pasara( cuando eso no es nuestro problema). Tuvimos que preguntar a los camareros que eran algunas cosas porque no nos explicaron nada de los platos.En general la comida muy bien, muy buena recomendación con el vino que me gustó mucho pero el servicio no es el apropiado para lo que pagas.
Es un lugar diferente de eso no hay duda, desde como se llega, la zona, el aspecto exterior y luego el interior. Me gustó como lo tienen montado en el interior, no llega a ser de esos que ves como cocinan pero casi. El trato fue atento, pedimos recomendación y degustamos varios platos para compartir. La perdiz y los mejillones en escabeche no me entusiasmaron la verdad. Si que me gustó el rosbif que ponen con unos croasans, para que te hagas un bocata. La tabla de quesos, los probé pero no soy muy de quesos raros. En resumen, el sitio está bien y se come bien pero puede que no sea para mi aunque para otros gustos sea recomendable sin duda.
Un lugar con una decoración austera pero encantadora. Es la clara definición que no se puede juzgar el libro por la portada. La comida es de calidad, pero considero que con muy mala relación calidad precio. Los platos son escasos para el precio que tienen, aún teniendo una nula elaboración como es el caso de la tabla de quesos. Sin duda, deben aumentar la cantidad o reducir precios. No repetiría.
En cuanto al local sin más, la decoración es sencilla y con poco que destacar. Limpieza bien y climatización no puedo opinar porque era verano y estaba todo abierto. En cuanto al trato muy correcto, recomendaciones acertadas en cuanto a la cantidad. La comida... El steak tartar muy rico, el plato principal no tanto. Pedimos arroz con bonito de Burela: una paellera de arroz bastante seco con 4 lomos de bonito (frios de nevera y apenas sin hacer), fin. Nos pareció poco elaborado y demasiado fuerte de sabor, esperábamos otra cosa. Los postres muy buenos. Repetiremos pero cambiando nuestras elecciones
Es muy bonito por dentro, con mucho cuidado en el detalle. El servicio es rápido y correcto. Le pongo 3 estrellas porque la relación calidad/precio no me parece buena. Comimos 2 personas, 3 tapas y una botella de agua, y salimos a más de 30 euros por cabeza (en las fotos, literalmente lo que pedimos). Nos fuimos con un sabor agridulce.
Reservamos motivadas por su reciente reconocimiento en la Guía Michelín y nos dejó bastante indiferentes. Decoración floja. Carta escasa. Mucho ruido y mala extracción de la cocina. Trato correcto. Mala relación calidad precio. Comimos Almejas, lubina en escabeche, steak tartar y coulant de tarta de Santiago, todo para compartir. Servicio de pan muy mejorable. Pagamos 70 euros con refrescos. No nos sorprendió el sitio ni la comida, así q no creo q volvamos.
Cuesta un poco encontrarlo. Si no te lo recomiendan jamás entrarías en este sitio. Ni la puerta ni lo que ves una vez que entras invitan a hacerlo. El límite entre lo hipster/cool y lo cutre a veces se desdibujan y este es uno de los casos. Lo cierto es que la comida está muy buena, y el servicio es amable y bastante atento. Pero es muy ruidoso, las mesas están demasiado juntas y el precio es tirando a alto. Por lo visto es el sitio a probar en Santiago este 2018. Ve y juzga por tu cuenta.
La comida se elabora con producto de calidad, pero considero que la cantidad no es suficiente para el precio que pagas. Además, los platos que ofrecen en el menú no están malos, pero no creo que sean destacables en su sabor. La tabla de quesos es escueta (y la retiraron antes de acabarla sin siquiera preguntar), la empanada bien de sabor (aunque algo escasa la ración para más de 2 personas), el steak tartar es bastante pequeño (de sabor, solo se percibía la mostaza) y las croquetas de jamón estaban un poco aceitosas. Los postres buenos. El espacio es pequeño y algunas mesas hay que compartirlas (no tengo problema con ello, pero lo indico por si a alguien esto le supone un inconveniente). Creo que no lo recomendaría como sitio para comer en Santiago.
Antes de nada quiero dejar claro que esta reseña tiene dos partes muy diferenciadas, por un lado el servicio y por otro lado la calidad de la comida. Si no tuviese en cuenta el servicio, la puntuación sería muy superior, pero es algo que cuando no es adecuado, resta mucho. Reservo hace más o menos tres semanas, mientras el local está de vacaciones, dejando muy claro desde el principio que no íbamos a poder llegar al restaurante hasta las 15:30, por motivos de viaje. El motor de reservas no te deja guardar una mesa más allá de las 15:15, y por eso en cuanto vuelven de las vacaciones llamo para confirmar la situación. Me dicen que sin problema, y me indican incluso el parking más cercano el que dejar el coche. Perfecto. El día en cuestión, tres minutos antes de la hora prevista de llegada nos llaman, y les comentamos que en 5’ estaremos sentados. Si todo después hubiese sido normal, la llamada sería completamente rutinaria, de control. Pero la atención, el ambiente al entrar en el restaurante, fue más de “estáis llegando tarde e iros cuanto antes”. Nos señalan la mesa de mala manera después de saludar con desgana, montan la mesa para el servicio de cenas a nuestro lado con el consiguiente ruido cuando estamos todavía comiendo (a las 16:15, no a las 17:30) y varios detalles más que nos hicieron sentir incómodos. Ahora la comida: carta muy corta, más corta incluso que otras que habíamos investigado antes. Como entrantes pedimos las anchoas con brioche y mantequilla. Deliciosas. Hacía tiempo que no comíamos unas anchoas tan buenas, y con el brioche la combinación es fantástica. De segundos platos pedimos las almejas en salsa verde y el steak tartar. Este último muy logrado, con esa yema de huevo que es una salsa inmejorable, y con la carne muy bien aliñada. Las almejas espléndidas, de un calibre descomunal, pero la ración es escasísima. 8 piezas para un precio de 20€. Los postres sin duda fueron lo mejor de la comida. La tarta de queso, cremosa y semilíquida en el centro, estaba riquísima. Y el coulant de Tarta de Santiago merece la fama que tiene, aunque no llega al nivel del que comimos en Lúa, que era excelso. Con dos consumiciones pagamos casi 72€. Para la calidad que ofrece no es caro, pero para la cantidad ofrecida nos pareció excesivo. Y el servicio, en un local de este nivel culinario, no puede ser así de seco, antipático e inoportuno. Si nos hubiésemos pasado una hora de su hora de cierre (algo que jamás hacemos) entendería algún gesto o invitación a irnos, pero desde que nos sentamos pasaron apenas 50’, así que simplemente no se nos hizo sentir cómodos. En estos casos, si al final el restaurante no va a poder dar el 100%, prefiero que me digan que no, que la reserva no es posible para las 15:30. Nos buscamos otro sitio y todos contentos.
El servicio y el trato estuvo bien, pero la ensaladilla sin más, los cherry poco sabrosos. Lo mejor el coulant. 6/10 en general.
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Ruela das Fontiñas 4 (Barrio de, Rúa de San Pedro, 15703 Santiago de Compostela, A Coruña, Spain
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